A veces, cuando hablamos de Agile o Agilidad tendemos a hacer uso de ambos como sinónimos. En este articulo vamos a intentar poner en contexto y explicar que es Agile y que es la Agilidad (Agility), en concreto la Agilidad Empresarial.

¿Qué es Agile?

Agile nació en 2001 cuando 17 personas en la estación de esquí de Snowbird firmaron lo que se conoció como el “Agile Manifesto”, donde plasmaron todos los valores y principios que entendían comunes a todas las metodologías que practicaban.

Y no surgió por casualidad, sino que lo hizo para afrontar los retos que la construcción de software con metodología Waterfall tenía que superar. Hoy en día hay datos que constatan una ratio de éxito de hasta 3 veces mayor para proyectos con enfoque Agile sobre proyectos Waterfall.

Esto en gran parte es gracias al foco que pone Agile en que Negocio y Desarrollo trabajen mucho mas cerca uno de otro, intentando cerrar la tradicional brecha que suele existir en las compañías entre ellos. Esto ha hecho que a nivel global las empresas hayan obtenidos beneficios como menor Time-To-Market, ROI más alto, riesgos más acotado, etc.

Muchas empresas, como IBM, GE, ING, John Deere, Paypal, etc., impresionadas con el éxito de Agile a nivel de equipo han comenzado a ver el potencial de Agile a un nivel más amplio; programa, porfolio o incluso más global. Sin embargo, muy pocas de las empresas que están envueltas en lo que se ha venido denominando Transformación Agile han conseguido los beneficios esperados. Esto nos lleva a pensar, que ser Agile no es una condición suficiente para obtenerlos. Es en este ámbito donde tenemos que empezar a buscar respuestas en otro término: la Agilidad.

¿Qué es Agilidad?

Ahora hablemos de Agility o Agilidad; Jim Highsmith, uno de los firmantes del “Agile Manifesto” explica la Agilidad como:

            “…la habilidad de crear y responder al cambio para generar beneficios en un entorno de negocios turbulento.”

Jim Highsmith

Todas las empresas tienen un cierto grado de agilidad y esto no es nada nuevo, pero los actuales niveles de ambigüedad, incertidumbre y volatilidad de los mercados obligan a las organizaciones a aumentar su Agilidad a niveles nunca vistos hasta ahora. Además, ya no es válido únicamente que la reacción a los cambios del mercado sea rápida, sino que es necesario que la Agilidad tenga un nivel suficiente que permita a la compañía crear disrupciones que le hagan ganar ventaja competitiva. Así pues, parece necesario, no solo que se llegue a un buen nivel de agilidad respecto a su propio entorno, sino mantenerlo, del mismo modo que lo hace una gimnasta de alta competición, que no solo se ve obligada a llegar en su mejor forma física a las competiciones, sino que ha de mantenerla mientras pretenda estar en el circuito.

Adoptar Agile no es suficiente para tener Agilidad

Parafraseando a Sunil Mundra, consultor principal en ThoughtWorks y speaker internacional, lo que a las empresas les falta es un mayor nivel de Agilidad. Adoptar prácticas y métodos Agile e incluso escalarlos, no incrementa la Agilidad. A nivel de empresa, es la Agilidad lo que más importa, no Agile.

Y esto es así porque Agile, a pesar de estar basado en valores y principios como reza el primer párrafo del “Manifiesto Ágile”, está orientado a la construcción de software y, mejorar la agilidad a nivel empresarial, lo que entendemos como Enterprise Agility, requiere cambios más profundos a través de toda la empresa y practicas que a veces tienen que ver más con una cultura Lean y con “System Thinking” que con Agile en sí.

Como conclusión, se puede decir que adoptar Agile, suponiendo que se hace correctamente y desde la perspectiva de “SER” y no de “HACER” es un buen punto de partida, que aporta múltiples beneficios, pero no es suficiente para conseguir dotar a la empresa de la necesaria Agilidad que le permita adaptarse y tomar ventaja competitiva en un entorno que cambia tan rápido como lo hace el actual.